Juan Diego Serrano (Jandiè) – A las seis cuerdas
Juan Diego Serrano (Jandiè) – A las seis cuerdas
Nacido en Valencia en el 75, Jandiè empezó a pelearse con los trastes a los quince años. ¿El culpable? El virtuosismo de Steve Vai y la elegancia melódica de Dann Huff. Lo que empezó como un vicio autodidacta a base de machacarse los dedos con métodos de la vieja escuela, acabó convirtiéndose en una obsesión que le ha llevado por mil batallas.
Un currículum forjado entre Valencia y Madrid:
Su formación pasó por las manos de maestros como Octavio Hidalgo y el mismísimo Jorge Lario (Revólver) en la academia Duetto. De las salas de Valencia a la sierra de Madrid, Jandiè ha gastado púas en proyectos como La Rosa Negra, Luthier, Ruta 66 o los pop-rockeros NCC 1701, siempre fiel al Rock, el AOR y el Heavy Metal.
La saga del fuego: De Prometheus a Prometheos
Tras una etapa de silencio necesaria por los golpes que a veces da la vida, el destino le trajo de vuelta a su tierra. Primero nació Prometheus, el germen de todo, pero la verdadera evolución llegó cuando Cristian, Fernando y el propio Jandiè se liaron la manta a la cabeza para arrancar un nuevo proyecto: Prometheos.
Con la banda ya en marcha, apareció Luis a la batería para cerrar el círculo y dar vida al sonido definitivo del grupo, esta vez con tintes progresivos. Fueron años de disfrutar del local y de plasmar ese esfuerzo en los escenarios que se ponían a tiro, dejando como recuerdo dos discos de estudio que son puro orgullo: Adventum (2016) y Aeternum (2018).
El regreso en 2026:
Tras dejar su huella en bandas con solera como La Sombra de Peter, Total Death o el toque gamberro de The Mesinfots, han pasado cinco años de evolución musical. Hoy, Jandiè sigue más activo que nunca, compaginando el ruido con sus viejos camaradas con su otra banda, Salida a Orión.
Diez años después de aquel rugido con Prometheos, ha vuelto a enchufar el cable en este 2026 junto a sus hermanos de siempre. No ha vuelto para dar lecciones de conservatorio (principalmente porque los del conservatorio le echarían a patadas en cuanto pisara el pedal de distorsión), sino para reencontrarse con sus amigos. Porque, aunque el destino dé muchas vueltas y el Jazz se nos resista, el Rock siempre te espera en el mismo sitio: en un escenario con amigos y un ampli al once.